La proliferación de dispositivos móviles en nuestro poder ha provocado un efecto dominó que abarca cada ámbito de nuestro día a día. Así, lo que antes era una cadena de música (o mini cadena) ahora puede ser un MP3, una base de altavoces, un cable para conectar al USB y descargar nuestras canciones preferidas, una funda para proteger el aparato de música y como es lógico un ordenador para poder descargar todas estas canciones. Hemos pasado de un aparato a cables y otros muchos artículos.
Del mismo modo, el teléfono móvil también lleva parejo gran cantidad de accesorios que tarde o temprano tendremos todos por el efecto “necesidad creada”. Cargadores, fundas, pantallas de protección, fundas de transporte, auriculares, tarjetas de memoria..
Un último ejemplo podría ser nuestro ordenador. Lo que antes era un monitor y una pantalla ahora parecer requerir, por culpa del ansía consumista de los usuarios, todo un arsenal de aparatos y dispositivos diversos. CPU, ordenador, lector de tarjetas (sino está incluido), conexión a Internet (con cable o no), ratón inalámbrico a menudo con base de batería, cámara web, procesadores de texto…
Viene esto a decir que existe una clara tendencia a complicarlo todo, a adquirir un producto que sí, en efecto puede encontrarse a un precio “justo)… bien, hasta ahí sí, el problema está cuando sube tanto la compra de cómida ´rapida, que, seguramente tampoco será la mejor del mundo.