Es un debate tan antiguo como el propio mundo de la moda, el analizar si la tendencia y las novedades en los diseños y ropas, deben afectar de manera directa a la sociedad. Expresado de una manera más clara y contundente, si la moda debe determinar la forma de ser y comportarse del ser humano o si por el contrario debería ser este el que condicione la moda.
Basta un paseo por cualquier ciudad del mundo para descubrir tantos tipos de personas (en la apariencia) como tipos de vestuarios, complementes y tendencias existen. Sin embargo, cabe preguntarse ¿cuántas de esas personas visten de esa manera concreta, hablan y se comportan de esa manera concreta influidos por la moda?
Siempre ha existido, a lo largo de la historia, un componente igualador y alineador en la moda. Chicas y chicos que parecen haber perdido toda personalidad en la búsqueda de un estilo ya creado por otros, imitado hasta la saciedad y profundamente pobre. Ver pasear a chicos y chicas “uniformadas” en lo que ellos piensan un acto de rebeldía no deja de ser algo irónico.
Sin embargo, no es menos cierto que la moda es, o debería ser, una forma de expresión del ser humano en la que haciendo uso de los recursos y talento existentes, se marca una manera de ser y ver el mundo muy particular. Personalmente no creo en las grandes tendencias pero sí creo en la adecuación a uno mismo de esas grandes tendencias, de tal manera que se pueda uno afianzar y mantener su propia personalidad frente al mundo y a los demás, haciendo buen uso de la moda y tendencias y sin perder un ápice de personalidad.
Lo demás, la uniformidad, incluso en sus formas más rebeldes y extremas, no deja de ser aquello contra lo que se supone que están luchando los miembros de ese “clan”.