Es curioso como una de las mayores etiquetas que siempre se han tenido que escuchar por parte de quienes a menudo dicen ese tipo de cosas, es que en España es un país que se lee poco, que gusta mucho del marujeo y que el nivel cultura termina siendo de los más bajos de Europa. Más allá de los fríos datos que pudieran corrobar en parte algunas de estas afirmaciones, hay otro mucho más claro y contundente. En esta país, se lee, y mucho.
Más allá de modas estivales, más allá de temporadas concretas, es evidente que nos encontramos ante un país de libro de bolsillo, no entendido este únicamente en su formato concreto, sino en el supuesto de libro “portátil”. Basta con echar un vistazo al día a día de cualquier metro, autobús durante los meses de “oficina” para darse cuenta de que no es una, ni dos, sino muchas las personas que entretienen su trayecto en transporte público leyendo la última obra de moda, o el último libro de su autor favorito.
Ahora, en verano, son las playas, piscinas, y los lugares de reposo los que acostumbran a poblarse de sombrillas, de móviles y reproductores mp3 y, junto a ellos, los libros. Da igual si se trata de la última parte de Millenium, o si por el contrario es la última obra de ensayo de algún periodista de nuestros medios… el caso es que en todo momento un libro acompaña, por lo general, a muchas de las personas que acostumbramos a ver.
¿Qué significa esto? Que el ser humano en general y el español en concreto, no es mono-ocio, es decir, no tiene un solo sistema ni una sola manera de pasar su tiempo libre. Sí, nos encontramos en un país de mucha televisión, de mucho deporte e incluso de radio nocturna… pero al mismo tiempo, nos hallamos ante un país también de libros, de best seller y de compañía en forma de letras.