De un tiempo a esta parte, la economía también ha llegado a un sector tradicionalmente tan conservador como la industria de los muebles. Durante décadas, en nuestro país, se había pensado que los muebles de un hogar debían de ser algo así como una extensión de los sueños del propietario y un claro reflejo de su posición social (o de su ansia de posición social).
Del mismo modo, no se contemplaba otra opción que acudir a los centros comerciales más habituales (Corte Inglés como centro estrella) o tiendas especializadas de gran calidad (y altos precios).
Hoy, sin embargo, el factor Ikea ha irrumpido ya para quedarse en el panorama de los muebles en nuestro país, y cada vez son más aquellas tiendas o centros que siguen sus pasos y terminan por confeccionar ofertas atractivas y a muy buen precio. La política de montarse uno mismo los muebles, ha terminado por imponerse a la época en la que se realizaban grandes estudios personalizados que terminaban con una cuadrilla de operarios montando los muebles de un hogar…y así, a nadie le extraña que hoy en día todo el mundo sea un perfecto confeccionador de muebles.
Gran cantidad de tiendas se han apuntado a este tipo de decisiones, ofreciendo descuentos en la adquisición de packs (diversos muebles para decorar una estancia, por ejemplo), catálogos muy atractivos en los domicilios, ofertas de financiación…y un largo etcétera que termina por confeccionar un panorama muy atractivo para el consumidor.